Durante décadas, el dólar estadounidense ha ocupado una posición difícil de igualar en la economía mundial.
Se utiliza para pagar operaciones internacionales, fijar el precio de numerosas materias primas, emitir deuda y almacenar buena parte de las reservas de los bancos centrales.
Sin embargo, en los últimos años ha ganado protagonismo una palabra que hasta hace poco apenas aparecía fuera de los círculos económicos: desdolarización.
China impulsa un mayor uso internacional del renminbi, algunos países buscan realizar operaciones comerciales utilizando sus propias monedas y numerosos bancos centrales han aumentado sus reservas de oro.
¿Significa esto que el mundo está abandonando el dólar?
Los datos dicen que no.
Pero sí muestran algo más interesante: el sistema monetario internacional podría estar avanzando lentamente hacia un escenario en el que existan más alternativas y los países intenten reducir su dependencia de una única moneda.
¿Qué es la desdolarización?
La desdolarización es el proceso mediante el cual un país, una empresa o una institución reduce el uso o la dependencia del dólar estadounidense en determinadas operaciones económicas.
Puede producirse de diferentes maneras.
Por ejemplo:
-
utilizando otras monedas para pagar importaciones y exportaciones;
-
manteniendo una mayor proporción de reservas en euros, yuanes u otras divisas;
-
aumentando las reservas de oro;
-
emitiendo deuda en monedas diferentes al dólar;
-
o desarrollando sistemas de pagos internacionales alternativos.
Por tanto, hablar de desdolarización no significa necesariamente eliminar el dólar.
En muchos casos significa simplemente diversificar.
¿Por qué el dólar es tan importante?
Para entender el debate primero hay que comprender por qué Estados Unidos ocupa una posición tan particular.
El dólar continúa siendo la principal moneda de reserva internacional y desempeña un papel central en el comercio, los mercados financieros, los préstamos internacionales y los pagos globales.
Los últimos datos del Fondo Monetario Internacional muestran que en el primer trimestre de 2026 aproximadamente el 57,1 % de las reservas mundiales de divisas estaban denominadas en dólares.
El euro ocupaba una segunda posición muy distante, alrededor del 20 %, mientras que el renminbi chino se mantenía cerca del 2 %.
La diferencia es enorme.
Y no es casual.
Estados Unidos dispone de uno de los mercados financieros más grandes, líquidos y profundos del mundo. Los bonos del Tesoro estadounidense son utilizados ampliamente como activos de reserva y existe una enorme infraestructura financiera internacional construida alrededor de su moneda.
Por eso sustituir al dólar no es tan sencillo como decidir utilizar otra divisa.
Entonces, ¿por qué algunos países quieren depender menos de él?
Existen diferentes razones.
Geopolítica
La primera tiene que ver con el poder que proporciona controlar la moneda dominante del sistema internacional.
Buena parte de las operaciones financieras mundiales pasan directa o indirectamente por infraestructuras relacionadas con el dólar.
Esto permite a Estados Unidos ejercer una influencia considerable mediante sanciones financieras y restricciones de acceso a determinados mercados.
Las sanciones impuestas a Rusia tras la invasión de Ucrania en 2022 reforzaron el debate en algunos países sobre los riesgos de mantener una elevada dependencia de activos y sistemas financieros occidentales.
Para determinados gobiernos, diversificar sus reservas se ha convertido también en una cuestión estratégica.
Comercio
Existe otra razón mucho más práctica.
Si dos países comercian regularmente entre sí, pueden decidir realizar una parte de sus operaciones directamente en sus respectivas monedas.
Esto puede reducir determinados costes de conversión y disminuir su exposición a las fluctuaciones del dólar.
China lleva años intentando aumentar el uso internacional del renminbi y promover su utilización en operaciones comerciales.
El cambio empieza a ser visible en algunos segmentos.
Según el Banco Central Europeo, la participación del renminbi en los mensajes relacionados con financiación del comercio internacional pasó del 5,5 % en 2024 a aproximadamente el 8 % en marzo de 2026.
Mientras tanto, la participación del dólar en ese mismo mercado descendió algo más de dos puntos porcentuales hasta situarse alrededor del 81 %.
El movimiento existe.
Pero también permite observar la enorme distancia que todavía separa ambas monedas.
¿Estamos realmente ante el final del dólar?
No.
Al menos los datos actuales no permiten llegar a esa conclusión.
El propio BCE advierte de que el sistema monetario internacional parece estar evolucionando gradualmente hacia un modelo más multipolar, pero que no existe una amenaza inmediata de desdolarización.
Además, los últimos datos del FMI contienen una paradoja interesante.
Entre finales de 2025 y el primer trimestre de 2026, la participación del dólar en las reservas mundiales no cayó.
Subió.
Pasó aproximadamente del 56,4 % al 57,1 %, aunque parte de ese incremento estuvo relacionado con movimientos del tipo de cambio.
Esto demuestra por qué conviene tener cuidado con los titulares que anuncian periódicamente el final del dólar.
Existe una tendencia de diversificación a largo plazo, pero los cambios en el sistema monetario internacional suelen producirse lentamente.
El euro tampoco ha sustituido al dólar
Europa podría parecer el candidato natural para ofrecer una alternativa.
El euro es la segunda moneda internacional más importante y representa aproximadamente una quinta parte de las reservas mundiales de divisas.
Sin embargo, esa proporción se ha mantenido relativamente estable.
El BCE reconoce además que todavía existen obstáculos para aumentar el papel internacional del euro, entre ellos la fragmentación política y la menor profundidad de los mercados de capitales europeos frente a los estadounidenses.
Esto ayuda a explicar algo fundamental:
Para convertirse en una gran moneda internacional no basta con representar una economía grande.
También hacen falta mercados financieros profundos, activos líquidos, estabilidad institucional y confianza.
¿Y el yuan chino?
China presenta un caso especialmente interesante.
Es una de las mayores economías del planeta y su peso en el comercio internacional es enorme.
Además, Pekín lleva años promoviendo una mayor utilización internacional de su moneda.
Sin embargo, el renminbi representa todavía cerca del 2 % de las reservas oficiales mundiales de divisas.
Una de las principales limitaciones es que China mantiene controles sobre los movimientos de capital y sus mercados financieros no ofrecen todavía el mismo grado de apertura y profundidad que los estadounidenses.
Por tanto, aunque el yuan está ganando terreno en determinadas operaciones comerciales, eso no significa que esté cerca de sustituir al dólar como principal moneda de reserva mundial.
El otro protagonista de la desdolarización no es una moneda
Hay un activo que aparece constantemente en este debate: el oro.
Durante los últimos años los bancos centrales han mantenido niveles elevados de compras de oro.
¿Por qué?
Porque el oro tiene una característica diferente a las monedas tradicionales: no representa una obligación financiera de otro país.
Un bono estadounidense depende del Tesoro de Estados Unidos.
Un activo denominado en euros depende del sistema financiero europeo.
El oro, en cambio, no tiene un emisor.
Esto puede convertirlo en una herramienta de diversificación para los bancos centrales, especialmente en periodos de mayor tensión geopolítica.
Sin embargo, hay que distinguir entre diversificación y desdolarización.
Que un banco central compre oro no significa necesariamente que esté vendiendo dólares o intentando abandonar el sistema financiero estadounidense.
Puede estar simplemente diversificando sus reservas.
¿Qué cambiaría si el mundo dependiera menos del dólar?
Una reducción significativa del dominio del dólar tendría consecuencias importantes.
Para Estados Unidos podría implicar una menor demanda internacional de activos denominados en su moneda y cambios en las condiciones con las que el país se financia.
Para otros países podría significar una mayor diversificación de sus reservas y una menor exposición a determinadas decisiones de política monetaria estadounidense.
También podría aumentar la importancia de otras monedas en el comercio internacional.
Pero un sistema con varias monedas relevantes también podría ser más complejo.
Empresas e inversores tendrían que gestionar una mayor exposición a diferentes divisas, sistemas de pago y riesgos cambiarios.
Por eso un mundo menos dependiente del dólar no significa necesariamente un mundo financieramente más sencillo.
¿Cómo puede afectar la desdolarización a un inversor europeo?
Para un inversor, probablemente la consecuencia más importante no sea intentar adivinar qué moneda sustituirá al dólar.
Puede que ninguna lo haga.
Lo relevante es comprender que la moneda también forma parte del riesgo de una inversión.
Un inversor español que compra activos estadounidenses no está expuesto únicamente al comportamiento de esos activos. También puede estar expuesto a la evolución del dólar frente al euro.
Lo mismo ocurre con inversiones denominadas en otras divisas.
Si el sistema internacional avanza hacia una mayor diversificación monetaria, comprender la exposición geográfica y cambiaria de una cartera será cada vez más importante.
Esto no significa que haya que abandonar los activos estadounidenses.
Significa entender qué tenemos realmente cuando invertimos internacionalmente.
Desdolarización no significa desaparición del dólar
Quizá este sea el punto más importante.
Durante décadas han aparecido predicciones sobre el final de la hegemonía del dólar.
Hasta ahora, ninguna moneda ha conseguido construir una alternativa con la misma combinación de liquidez, profundidad financiera, utilización internacional y confianza.
Pero eso tampoco significa que el sistema vaya a permanecer exactamente igual.
El dólar puede seguir siendo la moneda dominante y, al mismo tiempo, perder gradualmente peso en determinados ámbitos.
Ambas cosas pueden ocurrir a la vez.
De hecho, eso es precisamente lo que parece estar sucediendo: más comercio en monedas locales, mayor utilización del renminbi en determinados mercados, compras de oro por bancos centrales y un interés creciente por diversificar reservas.
No estamos necesariamente ante el final del dólar.
Estamos ante un sistema que podría estar volviéndose más multipolar.
Conclusión
La desdolarización existe, pero probablemente sea menos espectacular de lo que sugieren algunos titulares.
Cada vez más países buscan diversificar sus reservas, utilizar otras monedas en determinadas operaciones comerciales y reducir algunos puntos de dependencia del sistema financiero estadounidense.
Sin embargo, el dólar continúa representando alrededor del 57 % de las reservas mundiales de divisas y mantiene una posición dominante en el comercio, los pagos y los mercados financieros internacionales.
El verdadero cambio, por tanto, no parece ser la sustitución inmediata del dólar por otra moneda.
Puede ser algo mucho más gradual: un mundo en el que el dólar siga siendo dominante, pero tenga que compartir cada vez más espacio con otras monedas, el oro y nuevas formas de realizar pagos internacionales.
Para empresas e inversores, entender esta transformación resulta más útil que intentar anticipar cuál será la próxima moneda dominante.
Porque cuando cambia el sistema monetario internacional, también cambian los riesgos, las oportunidades y la forma en la que el dinero se mueve alrededor del mundo.


