Cuando aumenta la incertidumbre económica o geopolítica hay un activo que suele volver rápidamente a los titulares: el oro.
En 2026 lo hemos vuelto a comprobar. Después de alcanzar precios récord a comienzos de año, el oro corrigió parte de esa subida durante el segundo trimestre. Aun así, su precio medio entre abril y junio se situó alrededor de un 37 % por encima del registrado durante el mismo periodo de 2025.
Pero quizá el dato más interesante no esté únicamente en su precio.
Los bancos centrales compraron cerca de 289 toneladas de oro en el segundo trimestre de 2026, un 62 % más que un año antes. Y el 45 % de los bancos centrales consultados por el World Gold Council afirma que espera aumentar sus propias reservas de oro durante los próximos doce meses.
¿Por qué, en una economía dominada por activos financieros, divisas y tecnología, seguimos recurriendo a un metal utilizado como reserva de valor desde hace siglos?
La respuesta está en entender qué significa realmente que el oro sea un valor refugio.
¿Qué significa que el oro sea un valor refugio?
Un activo refugio es aquel al que determinados inversores recurren cuando aumenta la percepción de riesgo en los mercados.
Esto no significa que su precio siempre suba durante una crisis ni que esté protegido frente a cualquier pérdida.
Significa que, históricamente, determinados activos han mostrado características que hacen que sean percibidos como una forma de preservar valor ante escenarios de incertidumbre.
El oro reúne varias particularidades.
Es un activo físico, su oferta es limitada y no representa la deuda de una empresa o de un gobierno. A diferencia de una acción, no depende de los resultados de una compañía. Y, a diferencia de un bono, tampoco necesita que un emisor devuelva el capital.
Estas características ayudan a explicar por qué mantiene un papel particular dentro del sistema financiero internacional.
¿Por qué aumenta el interés por el oro cuando hay incertidumbre?
No existe una única causa.
El precio del oro responde a numerosos factores y, en ocasiones, algunos ejercen presión en direcciones opuestas.
Sin embargo, existen determinados escenarios en los que suele aumentar su atractivo.
Tensiones geopolíticas
Guerras, conflictos comerciales o tensiones entre grandes potencias pueden elevar la percepción de riesgo.
Cuando resulta más difícil anticipar cómo afectará una crisis a la economía, algunos inversores buscan reducir su exposición a determinados activos o aumentar su diversificación.
El oro suele aparecer entonces entre los activos considerados defensivos.
Inflación
El oro también se ha utilizado históricamente como una posible herramienta para preservar poder adquisitivo durante determinados periodos inflacionistas.
Esto no significa que exista una relación automática entre inflación y precio del oro.
Puede haber periodos con inflación elevada en los que el oro no suba, así como periodos en los que aumente sin que exista una inflación especialmente alta.
Lo importante es que las expectativas sobre inflación pueden modificar la percepción que los inversores tienen sobre las monedas, los tipos de interés y los activos utilizados como reserva de valor.
Incertidumbre económica
Cuando aparecen dudas sobre el crecimiento económico, la estabilidad financiera o la evolución de los mercados, la búsqueda de diversificación puede aumentar.
Y aquí aparece una de las principales características del oro: su comportamiento no depende exactamente de los mismos factores que determinan el precio de una empresa cotizada o de un bono.
Eso puede hacerlo interesante desde el punto de vista de la diversificación, aunque no elimine el riesgo.
Los bancos centrales también están comprando oro
Uno de los fenómenos más relevantes de los últimos años no procede de los pequeños inversores, sino de los propios bancos centrales.
Durante el segundo trimestre de 2026, los bancos centrales y otras instituciones oficiales realizaron compras netas cercanas a las 289 toneladas, según el World Gold Council.
La cifra supone un fuerte repunte respecto al primer trimestre y un incremento del 62 % frente al mismo periodo del año anterior.
Polonia encabezaba las compras oficiales comunicadas durante la primera mitad del año, seguida por países como Uzbekistán, China y Kazajistán.
¿Por qué compra oro un banco central?
Las reservas internacionales de un país no se concentran en un único activo. Los bancos centrales mantienen diferentes monedas, bonos y otros instrumentos para gestionar liquidez, seguridad y diversificación.
El oro puede cumplir una función dentro de esa estrategia porque no depende directamente de la solvencia de otro Estado y puede actuar como elemento de diversificación frente a otros activos de reserva.
De hecho, el 89 % de los gestores de reservas encuestados por el World Gold Council en 2026 espera que las reservas mundiales de oro de los bancos centrales aumenten durante los próximos doce meses.
Entonces, ¿por qué no sube siempre el oro cuando hay problemas?
Porque el oro también responde a otros factores.
Uno de los más importantes son los tipos de interés.
El oro no paga intereses ni genera dividendos. Por tanto, cuando los tipos son elevados y otros activos considerados relativamente seguros ofrecen una rentabilidad atractiva, mantener oro puede tener un mayor coste de oportunidad.
También influye el dólar.
El oro se negocia internacionalmente principalmente en dólares, por lo que los movimientos de la moneda estadounidense pueden modificar su atractivo para inversores de otros países.
Esto ayuda a entender lo sucedido en el segundo trimestre de 2026.
Después del fuerte avance anterior, el precio del oro retrocedió desde sus máximos y los ETF respaldados físicamente por oro registraron salidas netas de unas 45 toneladas durante el trimestre. Entre los factores estuvieron unas expectativas de tipos de interés más elevadas en algunos mercados y un dólar más fuerte.
Es un buen recordatorio de algo importante:
ser considerado un valor refugio no significa subir continuamente.
¿Qué está ocurriendo con el oro en 2026?
El comportamiento de este año permite observar perfectamente esa combinación de fuerzas.
El precio medio del oro durante el segundo trimestre fue de aproximadamente 4.506 dólares por onza. Aunque esto representó una caída del 8 % respecto al récord medio del primer trimestre, seguía siendo un 37 % superior al precio medio registrado un año antes.
La demanda total durante la primera mitad de 2026 alcanzó unas 2.522 toneladas, un 2 % más interanual. En términos económicos, su valor alcanzó un récord aproximado de 380.000 millones de dólares.
Sin embargo, dentro de esa cifra encontramos comportamientos muy diferentes.
Mientras las compras de los bancos centrales se recuperaron con fuerza, los ETF experimentaron salidas durante el segundo trimestre y la demanda de joyería cayó debido precisamente a los elevados precios.
Es decir, decir simplemente que «todo el mundo está comprando oro» sería incorrecto.
Cada tipo de comprador responde a motivaciones diferentes.
¿Qué papel puede tener el oro dentro de una cartera?
Aquí conviene separar dos conceptos: refugio y rentabilidad.
Comprar un activo porque está subiendo de precio no es lo mismo que incorporarlo a una cartera con una función concreta.
El oro puede utilizarse como elemento de diversificación porque su comportamiento puede diferir del de otros activos financieros en determinados escenarios.
Pero también presenta características que deben tenerse en cuenta.
No genera intereses.
No distribuye dividendos.
Su precio puede experimentar periodos importantes de volatilidad.
Y después de fuertes subidas también puede atravesar correcciones prolongadas.
Por tanto, la pregunta no debería ser simplemente:
«¿Va a seguir subiendo el oro?»
Una pregunta más útil sería:
«¿Qué función tendría este activo dentro de mi estrategia?»
El error de comprar un refugio cuando todo el mundo busca refugio
Existe además una paradoja interesante.
Cuando aumenta mucho el miedo en los mercados, también puede aumentar rápidamente la demanda de los activos considerados seguros.
Eso puede elevar sus precios.
Por tanto, incluso cuando una tesis económica tiene sentido, el precio al que se accede al activo continúa siendo relevante.
El hecho de que exista incertidumbre geopolítica no convierte automáticamente cualquier precio del oro en atractivo.
Y que los bancos centrales estén comprando tampoco significa que un inversor particular deba replicar su comportamiento.
Un banco central gestiona reservas internacionales con objetivos, horizontes temporales y necesidades completamente diferentes a los de una persona que construye su patrimonio.
¿Qué debería mirar un inversor antes de fijarse en el oro?
Más que intentar anticipar cada movimiento del precio, resulta útil comprender qué factores están influyendo sobre él.
Entre ellos:
La evolución de los tipos de interés reales.
Las decisiones de los principales bancos centrales.
El comportamiento del dólar.
Las expectativas de inflación.
Las tensiones geopolíticas.
Las compras de oro por parte de bancos centrales.
Los flujos hacia fondos y ETF vinculados al oro.
Pero incluso comprendiendo todas estas variables sigue siendo imposible conocer con certeza cuál será el próximo movimiento del mercado.
Por eso el contexto económico debería utilizarse para entender una inversión, no para perseguirla después de cada titular.
El oro no es inmune al riesgo
Hablar de «valor refugio» puede generar una impresión equivocada: que se trata de un activo seguro en cualquier circunstancia.
No es así.
El oro puede caer de precio y puede hacerlo incluso durante periodos de incertidumbre.
Además, para un inversor europeo existe otra variable importante: el tipo de cambio entre el euro y el dólar puede influir en el resultado final de una exposición al oro.
También existen diferencias importantes entre adquirir oro físico, utilizar vehículos financieros vinculados al metal o invertir en compañías dedicadas a su extracción. No son equivalentes y presentan riesgos distintos.
Por eso cualquier decisión debe analizarse dentro del conjunto de la cartera y no de manera aislada.
Conclusión
El oro ha vuelto a ocupar un lugar destacado en 2026, impulsado por un contexto en el que conviven incertidumbre geopolítica, preocupación por la inflación, cambios en las expectativas sobre los tipos de interés y una elevada demanda de los bancos centrales.
Pero su comportamiento durante el propio año demuestra que llamarlo «valor refugio» no significa que su precio únicamente pueda subir.
Después de alcanzar máximos históricos, el oro corrigió durante el segundo trimestre mientras algunos inversores reducían posiciones. Al mismo tiempo, los bancos centrales aceleraban sus compras.
Dos comportamientos aparentemente contradictorios que reflejan una realidad mucho más interesante: no todos los inversores compran el mismo activo por las mismas razones.
Entender por qué el oro gana protagonismo cuando aumenta la incertidumbre resulta más útil que intentar predecir cuál será su próximo máximo.
Porque, como ocurre con cualquier inversión, la pregunta importante no es únicamente qué está haciendo el mercado hoy, sino qué papel puede desempeñar un activo dentro de una estrategia patrimonial diversificada y coherente con nuestros objetivos.

